En el corazón de un taller de escultura romano, un artista de cuarenta artistas de años se encuentra absorto en su labor. Su cuerpo, musculado y bronceado, la excepción la refleja y el esfuerzo de años de trabajo. Viste un ligero faldellín abierto por los costados que le da libertad de movimientos, y parte descalzo, con el pelo negro y el torso velludo, con tonos plateados que delatan su edad. La luz entra por una claraboya en lo alto del taller su su espacio de trabajo, el suelo de barro cocido, desgastado por el paso del tiempo, da testimonio de incontables horas de creación. Frente a él, sobre un entarimado, posa un modelo que encarnar la majestuosa escultura de Hércules. Con pelo negro y crespo, el modelo reproduce la postura que exalta su musculatura, el artista cada captura al detalle la anatomía del modelo. Es una pieza de mármol blanco de Carrara y está delante del escultor, es una réplica perfecta del modelo y el artista la está transformando en la icónica del escultura Hércules Farnesio. El artista, con su cincel en mano, trabaja con precisión y pasión, cada golpe en el mármol resonando en el espacio del taller. Su atención se divide entre el modelo y su obra, asegurando que cada línea y cada curva reflejan fielmente al héroe mitológico. La luz que se filtra a través de la claraboya juega sobre piel, su piel y el mármol, creando un juego de sombras y luces. En este ambiente, donde arte y la dedicación se encuentra, el escultor da vida a la piedra, transformando el See more